Portada de ‘Arquetipos’

“Arquetipos” es mi primer álbum personal, un disco de 12 instrumentales con las que he buscado crear ambientes y atmósferas en las que no se eche en falta una voz que conduzca el sentido de la canción de manera que los tracks sean orgánicos y tengan su propia vida, que por sí mismos transmitan y evoquen mediante melodías, cambios y secuencias. Como idea inicial no están pensados para ser cantados o rapeados, aunque pudieran ser acompañados de un intérprete en algún momento. Las únicas voces presentes son la voz de mujer que se repite a lo largo del disco en algún momento de cada instrumental y al final de cada una (sin contar las que tienen forma de sample puntual o melodía cantada que sólo aparecen en el track que le corresponden y que no vuelven a aparecer en otro tema). Por lo general, la música urbana y el rap o hip hop en concreto suele estar muy vinculado a mensajes agresivos y sonidos o voces de connotaciones negativas como disparos, gritos e incluso a veces insultos. Para invertir esta idea habitual, y con ello poner otra intención y energía más positivas en el trabajo, decidí utilizar esta voz femenina (en hebreo, por una cuestión de creencia personal en conceptos místicos, espirituales y cabalísticos) que va dejando palabras de carga positiva en nuestro oído lo largo del trabajo como brajá (bendición), briut (salud), shalom (paz), ahavá (amor) y shefa shel dvarim tovim (algo así como abundancia, literalemente «muchas cosas buenas»).

Aunque no fuese un disco pensado para ser cantado ni para tener un mensaje explícito y concreto a través de la palabra, no quería dejarlo vacío de contenido e información. Pretendí transmitir algo más que lo que la música por sí misma provoque en el oyente. Es por esto que busqué un concepto y una idea que hiciese de hilo conductor del trabajo, para que en sí mismo tuviese un motivo y un significado, algo que he de decir que me resulta muy divertido, tanto como componer. Así, ‘Arquetipos’ está basado en el concepto de arquetipo de Platón, que posteriormente desarrolló Carl Jung, quien se inspiró en las formas arquetípicas de corrientes esotéricas con las que le gustaba relacionarse a menudo, como puede ser la astrología y el tarot, incluso era asiduo a sesiones de mediumnidad y espiritismo. La palabra «arquetipo» hace referencia a figuras y representaciones (modelos) de conceptos, ideas o ejemplos. En mi caso para este trabajo, tomé los arquetipos referentes a los patrones de comportamiento transpersonales y universales, presentes en el ser humano a lo largo de la historia, que son aquellos que se repiten en los individuos sin importar el momento histórico. Por eso son transpersonales: porque no tiene que ver con la persona en concreto sino con el funcionamiento del ser humano, sin importar la identidad del individuo. Y de entre ellos, elegí los arquetipos de la astrología occidental, los 12 signos del zodiaco, poniendo con cada música el reflejo de la energía que me sugieren. 

Ver el funcionamiento de quienes me rodean y el mío mismo, y a su vez el comportamiento repetitivo del ser humano a lo largo de la evolución, junto al hecho de ponerme un poco (bastante) trascendente, me hizo reflexionar en las configuraciones de las personas y nuestro funcionamiento, generalmente inconsciente y automático (lo reactivo y egoico) y en lo poco que nos conocemos a nosotros mismos. Luego pensé: ¿qué hace que esto sea así, de dónde viene? Y empecé a fantasear en su posible origen superior, en lo que está por encima de nosotros y que hace posible todo esto. Y una vez llegado a esta idea, utilicé la portada para representar mi supuesto de la Creación y dar el concepto al trabajo: entiendo a Dios como un niño (en cuanto a desparpajo, espontaneidad e inocencia), el que sale en la portada, que juega a crear mundos y realidades como el que hace pompas de jabón, que una vez aparecen siguen su libre albedrío y lo que pase con ellas y dentro tiene que ver con las reglas pero no con su interferencia directa. Como si Dios fuese el motor inmóvil y lo que interfiere en nuestras vidas son otras «cosas» que están por encima nuestra pero por debajo de él, siguiendo a su vez las mismas reglas. Lo que vivimos nosotros como parte del Todo es la polaridad bien/mal que crea el contraste necesario para que se dé la Experiencia, el juego en definitiva. Esa misma polaridad debe estar en el Creador puesto que todo viene de él, y es el motivo de las alas de ángel como símbolo de armonía y luz, junto a la botella y los tatuajes (el tres veces tres, el cubo de Metatrón, el ojo que todo lo ve, el portal 11:11 y el silencio de quien calla y aprende de lo que escucha) que al estar en un niño sirven de representación de lo controversial, lo desarmónico, la sombra. Tanto el líquido como el chaleco tienen tono morado/violeta, el color de la espiritualidad, el misticismo, la magia, la creatividad, el equilibrio entre materia y espíritu, y para ciertas creencias la transmutación (la llama violeta). Al fin y al cabo, experiencia es información, por eso aprendemos de ella, y probablemente Dios se experimenta a sí mismo a través de nosotros cuando jugamos. Él también saca información, tanto de sí mismo como del funcionamiento del código fuente de la programación de su juego de modo que lo puede depurar y mejorar, como hacen los desarrolladores con la experiencia de usuario en sus aplicaciones. Como detalle extra, aparecen de fondo tres platillos volantes, que representan la mirada y la vigilancia externa de seres más elevados, de otras dimensiones, que podríamos llamar ángeles de la guarda, hermanos mayores o maestros ascendidos. Aquellos que nos cuidan y velan por nosotros.

Por esto pienso que la realidad que vemos y las que no, forman parte de su tablero de juego virtual donde somos jugadores con misiones que cumplir. Para encarnar configuramos nuestro avatar combinando los arquetipos disponibles, son como las características que podemos darle al avatar, las habilidades. Por supuesto, y como en todo juego configurable, tener unas características que dan ventajas supone renunciar a otras que provocan dificultades en la partida. Eso me llevó a pensar que hay infinitas formas de ser basadas en infinitas combinaciones de formas finitas que son los arquetipos así como podemos formar infinitas cifras de números combinando del 0 al 9. Por eso «cada persona es un mundo». Luego pensé: ¿Y esto quién lo hace? ¿Para qué? ¿Qué haría yo si crease un juego para que otros lo experimenten? Y te pregunto: ¿alguna vez te has puesto en la mente de Dios? ¿Qué opciones darías? ¿Qué pruebas le pondrías a los personajes de tu tablero? Yo entiendo la vida como un videojuego, es una sensación que tengo desde niño, y con el tiempo y experiencias que he tenido, el poso que me iba quedando es de como si todo esto no existiese realmente y fuese algo así como una ficción muy real, como una realidad virtual que explicaría que pasen cosas «muy raras» a veces, en mi vida con mucha frecuencia, que me cuesta mucho calificar a estas alturas de la película como «casualidades». Y todo esto, que daría respuestas a muchas preguntas que me hago desde pequeño, es lo que pretendo transmitir con el concepto del trabajo. Precisamente por esto que comento, quien me conoce sabe que yo no hablo de tener «problemas» sino de «pantallas que pasarme». Porque, sin ánimo de quitar importancia a ciertas experiencias muy comprometidas, dolorosas y difíciles, el problema a veces no es lo que pasa, sino cómo nos tomamos lo que pasa. De ahí la importancia que le doy a conocerse uno mismo, al funcionamiento personal inconsciente que arrastramos, lo cual enlazo con los arquetipos y llevo a la idea global del álbum.


A su vez, pensando en la fractalidad de lo que nos rodea y en el concepto hermético «como es arriba es abajo» que veo coherente y habitual en la naturaleza fruto de lo que entiendo como niveles de realidades, planteo también ser yo mismo para este disco el niño de la portada: he jugado a crear mundos sonoros con principios, finales, cambios, imperfecciones, matices, conflictos, armonías… Al ofrecerlo como creador, el oyente lo experimenta y yo a través de él como una experiencia externa. Una cosa es mi experiencia al crear y escuchar el disco, y otra muy diferente es lo que experimento al observar la experiencia del oyente. Pues algo así me imagino que hace Dios.


En cuanto a la astrología y los signos del zodiaco, hay que tener en cuenta que el arquetipo habla del comportamiento de cada signo, no de la persona, puesto que astrológicamente hablando un individuo tiene las influencias de los diferentes arquetipos (signos) que aparecen en su carta natal. Nadie se comporta siempre y en todo caso como un sólo signo, sino como una mezcla de varios en según que aspecto de su vida, y esos rasgos de los signos que le definen estarán implícitos en su comportamiento. Por eso la astrología me parece una herramienta maravillosa para conocerse uno mismo: al identificar tus patrones y hacer conscientes tus tendencias automáticas y reactivas, puedes aprovechar lo que te da ventaja y regular lo que no rema a tu favor. No es fácil tarea regular el ego, pero creo que esa, junto a aprender a amar, son dos de las grandes misiones en esta vida. De hecho creo que van de la mano.

Mi signo solar es Escorpio, octavo del zodiaco, de agua y fijo, con Plutón como regente, arquetipo asociado a cosas como misterio, pasión, profundidad, sexualidad, poder, magnetismo, obsesión, transformación, sanación, trascendencia, vida y muerte, renacimiento y alquimia psíquica. Como buen escorpiano, he incluido en el proyecto dos mensajes ocultos para quien quiera jugar: uno tiene que ver con momentos y códigos de tiempo a lo largo del disco, y otro con la portada.

Ojalá lo disfrutes como yo lo he hecho creando el proyecto, y que el concepto y lo que transmito te sirva para aprender algo más de ti y mejorar tu vida como me ha servido a mí al elaborar el contenido de la idea del disco. Son las dos intenciones más importantes por las que lo comparto.

Con cariño, Jorge.

Lista de reproducción de ‘Arquetipos’ en Youtube.